Espera ejecución durante 23 años
Doris Gómora

2/6/2003
REFORMA Seccion Nacional Pagina 10
 

Hay una frase que César Fierro no quiere escuchar: "estamos listos". Con esas palabras, pronunciadas en inglés por un oficial, dan inicio en Texas las ejecuciones por inyección letal, como a la que está condenado el mexicano desde hace 23 años.

En el caso de Fierro, acusado de asesinar al taxista Nicolás Castañón en El Paso, la ejecución se ha pospuesto por dos décadas, entre otras cosas, por las denuncias de anomalías en el juicio en su contra.

Ayer, la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ordenó al Gobierno estadounidense suspender nuevamente su ejecución.

La defensa de Fierro no recibió todas las pruebas, entre ellas un reporte en el que se confirma la coerción que ejerció la policía de Ciudad Juárez, en colaboración con la de Texas, para secuestrar y amenazar a los padres del mexicano y obligarlo a firmar una declaración de culpabilidad.

El reporte del detective estadounidense Al Medrano se mantuvo oculto hasta que, en 1994, Richard Reyna, un investigador privado, lo encontró entre los informes de la policía de El Paso.

Con el reporte del 1 de agosto de 1979 y una declaración ante notario de Medrano, la abogada Jean Terranova presentó una solicitud para un nuevo juicio ante la Corte. El juez Herb Marsh, de la Corte de Apelaciones de El Paso, recomendó en mayo de 1995 aceptar la petición.

Antesala de la muerte

La ejecución de Fierro ha sido programada en 14 ocasiones. De 45 años de edad, el mexicano permanece en la unidad Terrel de la prisión de Livingston, Texas, el "pabellón de la muerte" de ese estado.

La sentencia del juarense se basó en el testimonio del adolescente Gerardo o Jerry Olague y la declaración de Fierro.

Durante el rastreo que efectuó en 1994, el investigador privado Richard Reyna encontró inconsistencias en la declaración de Olague, quien en 1979 tenía 16 años y una reputación de ser un ladrón menor, y quien aseguró haber acompañado a Fierro en el taxi de Castañón.

En tanto, el fiscal que llevó el caso hace 20 años, Gary Weiser, admite que el mexicano merece otro juicio. En declaraciones al diario Chicago Tribune, afirmó que el juarense fue víctima de coerción policiaca.

"Este es uno de las casos más desconcertantes de pena de muerte que haya visto en mis 15 años de trabajar en esto. Si la Corte de Estados Unidos decide perdonar estas tácticas coercitivas de la policía para extraer confesiones, entonces nadie estará a salvo de una sentencia equivocada y una posible ejecución", indicó por su parte Mark Warren, coordinador de Amnistía Internacional en Estados Unidos.

Adicionalmente, Fierro no fue informado por la Policía de su derecho a obtener asistencia consular después de su detención, como lo indica el artículo 36 de la Convención de Viena. No contó con un traductor, ni con un abogado en su declaración.

Este fue el argumento utilizado por el Gobierno de México para presentar su caso, junto con el otros 54 mexicanos, ante la Corte de La Haya, quien ordenó suspender la ejecución en tanto concluye su análisis.

"Mi posición continua siendo la misma que al principio, soy inocente de homicidio", expresó Fierro en una carta enviada a REFORMA.

"Ha sido una larga jornada, pero la misma se acerca al final y me alegro, ganar o perder es mejor que estar aquí. El resultado no lo sé aún. Por supuesto volver al lado de la familia que me queda será la recompensa a todo el sufrimiento", agregó.